“Una vida que no es evaluada no merece ser vivida” [Sócrates] Un tema que también en el ámbito de la educación formal ha generado unas cuantas reflexiones, críticas y desacuerdos. La evaluación de los aprendizajes como construcción cultural ha ido incorporando para el accionar pedagógico un conjunto de dispositivos metodológicos y normativos. No obstante, más allá de la instrumentalidad para su aplicación, al parecer la mayor preocupación se encuentra en las concepciones que se desprenden de este campo del saber didáctico.
Se cuestiona a algunos docentes por hacer de los exámenes un instrumento de control y poder. Desde otro ámbito se insiste en que los estudiantes no deben priorizar sus notas sino sus el desarrollo de aprendizajes y competencias. Cada uno de nosotros como estudiantes o docentes, de acuerdo a nuestras vivencias resultará familiar plantearnos algunas interrogantes ¿La evaluación califica o descalifica? ¿Calificar es sinónimo de valorar, medir? ¿Existen alternativas más congruentes con las nuevas tendencias educativas? ¿Qué pasaría si no se evalúan los aprendizajes? ¿Cuál debe ser el propósito fundamental de esta disciplina? ¿Es necesario impulsar una cultura de la evaluación?
Varios autores, entre otros, Bruner (1997), sostiene que más allá de implementar un conjunto de métodos, técnicas e instrumentos para evaluar los aprendizajes, es importante generar un proceso de reflexión sistemático desde la historicidad del concepto, reconociendo que tanto los estudiantes como los docentes construyen sus realidades a partir de sus subjetividades. En este abordaje de conceptos, la evaluación, la valoración y la comprensión deben situarse desde la visión epistemológica, que permita construir referentes valorativos a partir de las aproximaciones demostradas con los aprendizajes.
En esta perspectiva de reflexión permanente, Donald Schon sostiene que si se incorpora un proceso de reflexión permanente en las prácticas educativas es un puente importante para la innovación de la práctica docente. Lo que equivale que más allá de aplicar un conjunto de técnicas e instrumentos, exige la incorporación de marcos conceptuales más congruentes con los aportes de las diferentes teorías educativas. Es posible reconocer diferentes concepciones de evaluación, desde los paradigmas cuantitativos que pretenden cuantificar los resultados del aprendizaje, hasta posiciones más progresistas que reconocen la complejidad de este proceso y se proyectan hacia valoraciones más cualitativas.
También se encuentran posiciones cada vez más compartidas por pedagogos y educadores, la necesidad de incorporar una práctica educativa desde la perspectiva del estudiante y su proceso de aprendizaje. Constituyéndose un nuevo paradigma, que a diferencia de la educación tradicional está centrado en el docente y sus programas de enseñanza. Es una propuesta que cada vez toma más impulso aunque se encuentra en etapas incipientes de construcción; sin embargo, el aporte se las NTICs y particularmente la Web 2.0 nos brinda las herramientas para tal cometido, con el que cada estudiante puede gestionar sus saberes, como monitorear y evaluar sus aprendizajes.
Estimado amigo y compañero. El tema de la evaluación, vinculado con el obejtivo central de este curso de entornos personales me parece urgente. Evaluar, en el mejor de los sentidos, competencias digitales? podría llevarnos a priorizar herramientas. ¿Cómo evaluar entornos? ¡Cuántas desigualdades se ponen a prueba! Espero que podamos debatir el tema que usted ha iniciado. Con gran afecto.bolívar avila solano
ResponderEliminarGonzalo:
ResponderEliminarEl tema propuesto por usted sobre la evaluación me pareció bastante interesante y sobre todo necesario. Pude ver el video propuesto y esta muy claro en lo referente al tema, sobre todo un material útil y claro.
Saludos,
Daniela C.